(Advertencia: este escrito está publicado en su versión original, con un par de palabras que aunque son pesadas no cambié con el fin de no alterar el significado del escrito, pido disculpas a quienes esas palabras les parezcan en demasía fuertes)
La cultura relativista tiene una predominancia indudable en la sociedad actual. Y obviamente hay una relatividad moral, porque no se puede olvidar que en ese ámbito la subjetividad prima.
Y es realmente molesto ver que esa subjetividad se confunde con una doble moral. Es realmente estúpido que a las personas les moleste más una verdad que una mentira, disculpan porque se les da excusas pero la sinceridad no tiene perdón. Hay muchas personas que prefieren al que les sonríe todo el tiempo en su cara aún a sabiendas de la puñalada en la espalda, de los chismes y críticas en su ausencia, pero les sobra la grosería, los desplantes y la falta de modales ante quienes son francos, ante quienes no les lamen las botas, ni se ríen de sus chistes insulsos.
Es realmente asqueroso ver cómo la manada se reúne a limpiar sus cagadas, y a huntar al que no ha cagado para luego aislarlo; cómo se acoge con excusas al que no crece ni quiere crecer, pero se juzga, se odia y se teme al que busca y exige un buen proceder. Es bueno el jefe negligente, ¡tan linda persona!, pero el exigente es un ogro loco.
Y quizá este escrito ni llegue a ensayo, pero ojalá llegue a alguien que pueda a tiempo entender que no se necesita ser parte de la manada, que ir en distinto sentido no significa que se esté andando un camino equivocado.
