Jamás he pensado en los libros
como un negocio, los valoro tanto que sé que tengo un tesoro en una
estantería llena, no por el costo que tuvo cada ejemplar si no porque un libro
en sí ya constituye un pequeño tesoro de letras, conocimiento, sobretodo de
magia. Pero ningún libro espera estar ahí para morir empolvado.
Tampoco he escrito en búsqueda de
fama, de renombre… he escrito por esa musa que te empuja, ese deseo que no te
deja dormir sin plasmar algo que ha nacido en tu cabeza. La misma musa que un
día te desafía a compartir lo que escribes, afrontar la crítica de quienes se
arriesgan a ser tus lectores… y entonces descubres que se necesita más dinero del
que pensabas para editar un libro, y que necesitabas gritar tu nombre para que
lleguen tus escritos a más personas.
Lastimosamente no todos los que
trabajan en el medio piensan así, como que los recursos económicos son
necesario como parte del medio pero no el fin, hay muchos por ahí pensando en
el dinero como único fin.
Cabe destacar que en nuestras
sociedades es el escritor el que paga a una editorial para poder publicar un
libro y no al revés como nos muestran en la televisión, excepto casos de
escritores ya muy reconocidos, a los que les pagan por escribir. Y bueno es una
garantía para poder seguir existiendo como editoriales, lo triste es que no
publican un libro con el afán de promover el sueño de ese amante de las letras
que decide sacar a la luz sus escritos, al contrario se aprovechan de ese sueño
porque saben que harán lo que sea necesario por invertir en una publicación; entonces
lo editan, lo publican, lo entregan… pero si el libro queda en las estanterías
de la librería, o bajo un sillón para ellos da igual, al fin y al cabo ya
tienen el dinero con ellos, y en el mejor de los casos también firman un
contrato para poder quedarse con una buena tajada si es que ese libro se vende,
aunque tampoco se interesan por promocionarlo.
Te invitan a pagar por tirajes grandes para “abaratar costos”. Pero publicar un
libro y que los ejemplares no estén en manos de lectores es triste… es el final
más triste de un sueño.
Un libro no necesita un lugar en
un librero, ni el escritor aplausos, un libro necesita lectores y su autor
críticas.