Hace algunos días tuve la oportunidad de asistir a un
foro-mesa redonda organizado por el CONASA sobre la incorporación de los
cuidados paliativos en el sistema nacional de salud con el fin de concretar el
artículo 1 del acuerdo ministerial 101 del MSP (adjunto al final de este
artículo). Hasta aquí suena técnico y latoso para algunos, pero realmente fue
un espacio inspirador en muchos sentidos.
Por primera vez vi un auditorio repleto con personas
dispuestas a hablar sobre la muerte, sobre lo inevitable de morir y lo
indispensable de hablar del tema, y de considerar sus momentos previos. Lastimosamente un auditorio lleno de personal relacionado con el sector de la
salud, lamentable porque debería ser un escenario más amplio, un tema que se
hable con la misma franqueza desde todos los sectores, en una sociedad que
celebre la vida y esté abierta a hablar de su fin. Todos nos sentimos rozados
por la muerte a menudo (unos más que otros, sin duda). Un auditorio donde al
hablar de la muerte, que tiene un tiempo único para cada uno, que es
desconocido para nosotros, se le baja al médico del pedestal en donde es un
casi dios que puede determinar la vida o la muerte de las personas, para
asimilar que solo somos humanos que buscamos mejorar la calidad de vida de
nuestros congéneres, que se recalca que el deceso de un paciente no es un
fracaso, ni el final de un algoritmo de manejo mal llevado.
Y es que a veces resulta tan difícil hablar de la muerte, es
un tema que puede herir tantas susceptibilidades, pero cómo ignorarlo si es de
lo único de lo que no nos salvaremos. Michael Foucault dijo: “es inadmisible
que no se nos permita preparar la muerte, con todo el cuidado, la intensidad y
el ardor que deseamos, con todas complicidades que se nos antoje”. Es un tema
tan rodeado de misterios, que se hace explícito en quienes por enfermedad se
ven casi obligados a hablar del asunto con sus familias y seres queridos, pero
no se niega que a la mayoría nos llegará el momento sin previo aviso. Realmente son tantas las ideas alrededor de
ese momento, son tan dependientes de las creencias personales, tan subjetivas
todas, y tan discutibles…. Merecedoras de un debate abierto y respetuoso con un
espacio sin prorroga en nuestras agendas. Merecemos que alguien al morirnos
sepa nuestros deseos, nos ayude a no dejar tantos pendientes. Por ejemplo, y entre
las cosas más superfluas, que alguien sepa qué queremos vestir en nuestro
velorio, si se quiere velorio o no, si se desea ser enterrado o cremado, que se
le avise a alguien en particular, que se cierren las cuentas electrónicas, hay
quienes no quieren ser llorados, hay quienes quieren fiesta de despedida… y
entre los gustos más excéntricos, todos quisiéramos que con ese momento nuestra
vida culmine de la mejor manera posible, que los que un día nos amaron nos
vuelvan perennes en sus memorias. Ojalá fuéramos más los que hiciéramos de la muerte poesía como se hace de la vida, como un Pablo Neruda, o como un Edgar Allan Poe que cree que "a la muerte se la toma de frente con valor y después se le invita a una copa".En sí, la muerte necesita ser hablada, y no juzgada por quienes en vida aún no la conocemos. “Cuantos hablan de mí no me conocen y al hablar me calumnian, los que me conocen callan y al callar no me defienden; así todos me maldicen hasta que me encuentran, mas al encontrarme descansan y a mí me salvan, aunque yo nunca descanso. F. La Muerte” (Javier Marías en Mañana en la batalla piensa en mí).
Acuerdo Ministerial 101 MSP, 2 de febrero de 2011.
Art. 1.- Organizar en el marco del Modelo de Atención
Integral del Ministerio de Salud Pública, la conformación y funcionamiento de
servicios de cuidados paliativos integrales con enfoque intercultural, que
contribuyan a garantizar el derecho de los pacientes en etapa terminal a
aliviar el dolor y el sufrimiento; a abordar los aspectos físicos, emocionales,
sociales y espirituales; a incluir a los familiares cuando sea necesario y para
ello, establezcan el lugar idóneo para cada una de dichas prestaciones.
¡Que así sea!, y se continúe con tan plausible iniciativa.
¡Que así sea!, y se continúe con tan plausible iniciativa.
