viernes, 27 de julio de 2012

Sólo Bajemos La Velocidad!!!



Esta entrada nace del cansancio de leer y escuchar a tantos quejarse por la normativa aprobada el 25 de Junio que establece límites de velocidad, y las respectivas sanciones al violar el límite máximo, ya sea en un rango moderado, o sobrepasándolo. La ley fue promocionada en todos los medios de comunicación por UN MES, advirtiendo la sanción. Además, en TODAS las escuelas de conducción enseñan cuáles son los límites de velocidad permitidos, y dentro de la ley de tránsito anterior, ya existían estos límites de velocidad, pero con otro tipo de sanciones; así que el cambio fue en la sanción y en el hecho de que se generaran operativos de control.


La ciudadanía en más de una ocasión se ha quejado del alto índice de accidentes de tránsito, culpaban a las carreteras, hoy en día contamos con buenas carreteras en muchos trayectos y siguen los accidentes. ¿Qué otra medida se puede tomar? Muchos se quejan de la característica punitiva de nuestra ley, pero hacen campañas preventivas y todos siguen pensando que es juego. Es una sociedad difícil de educar, sobretodo porque quienes conducimos somos adultos, y la mayoría van años conduciendo así: sin límite de velocidad, y sólo se puede modificar una conducta, así de arraigada, con un castigo.

La justificación para realizar estos controles estrictos es principalmente reducir el índice de accidentes, esperemos el tiempo prudente y veamos si  da resultado, antes de quejarnos. Además, los límites no han sido puestos arbitrariamente, sino bajo estudios internacionales que determinan según las características de la vía cuál es la velocidad más prudente. Y por último, se advirtió que al rebasar el rango moderado la sanción incluía prisión, tal vez sea exagerado, pero cuando se impuso el sistema de pico y placa, se avisó que se llevaban el auto por un día, es la misma situación, hubo advertencia.

Son pocos días desde que yo también he aprendido a disminuir la velocidad promedio en la que conduzco y aunque pocos lo noten, u otros no quieran aceptarlo, es más fluido el tránsito. No ha disminuido el tráfico, pero se avanza más. Y sí tiene lógica, porque los semáforos están sincronizados para circular entre 40 - 50 km/h, así no se está acelerando y frenando a cada momento, y se puede ir a una velocidad más constante, también cuando alguien ve el amarillo, alcanza a frenar antes de obstaculizar el paso en la vía de intersección. Y por si fuera poco, ¡se ahorra combustible!

Ahora esperemos que se encuentre una manera viable de educar a los peatones, de educarnos a todos nosotros en usar pasos cebra, puentes peatonales, y que no hayan desconsiderados que obstaculicen las veredas.

Sólo bajemos la velocidad, no nos "estresemos", salgamos a tiempo y calculemos nuestra llegada a nuestro destino...

Y si usted es de los que no les gusta cumplir la ley 1° no se queje de ser sancionado y 2° no vaya pitando ni prendiendo las luces a quienes van a la velocidad permitida.


lunes, 9 de julio de 2012

UNA CRISIS SIN VOZ: ¿silenciosa o silenciada?

(9/7/2012)
Este escrito no pretende agradar a nadie, y lo recalco desde un principio.

"El principio de la educación es predicar con el ejemplo". Anne Robert Jacques Turgot.

La salud y la educación son pilares elementales en el desarrollo de un pueblo, y es en base a sus marcadores que se define a una sociedad como desarrollada o subdesarrollada más allá de su capacidad de industrialización. Sin duda, el Ecuador no ha sido un ejemplo en cuanto al manejo de estos ámbitos, sin embargo, sí se ha visto últimamente en cifras que se ha aumentado el presupuesto a estas áreas, y en esas mismas cifras se muestran mejoras. Pero los que vivimos en este país y dependemos de la educación y salud pública podemos asegurar que esas mejoras no han sido suficientes, no han tenido el impacto esperado y no en todos los casos han servido realmente para mejorar más allá de cambiar la situación previa.

Dado que esta es la exposición de otra de mis verdades subjetivas, no puedo hablar de la educación básica la cual ya la pasé (aún cuando los noticieros nos dan alarmas sobre sus falencias administrativas especialmente en ésta época de matriculación y distribución de cupos...), tampoco puedo hablar sobre la educación superior en sus generalidades, quiero hablar sobre la educación superior pública en salud, la cual está atravesando una crisis aún cuando no salga en los noticieros, y muchos no la sientan, a otros nos agobia, deprime o decepciona. 
Algunos me tacharán de exagerada otros leerán hasta aquí y seguirán sin entender de qué hablo, justamente porque es una crisis que no tiene voz, es una crisis en mute...

Desde es 2008 la educación pública en el país se declaró como gratuita, y se aseguró el acceso a la educación a miles de jóvenes ecuatorianos que esperaban esa accesibilidad para poder desarrollarse profesionalmente, pero nadie habló acerca de la "masificación" que ya existía cuando la educación era pagada, y que empeoró con esta medida. 
Entonces, sí, todos tienen acceso a la educación pública que hace un año tenía como filtro una prueba de ingreso y hoy en día se trata de mejorar con un sistema de exámenes unificados al graduarse como bachilleres, pero en el caso de la Facultad de Medicina, hablamos del ingreso a una facultad donde en los primeros semestres el promedio de alumnos por paralelo es de 100, y la capacidad promedio por aula es de 70 estudiantes, una facultad con más de 7000 estudiantes matriculados y  24 aulas y 2 galleras. 
A un alumno al matricularse no se le entregan horarios de clases, ni el aula asignada para recibir cada una de sus materias, sólo se le indica el nombre de su profesor. Al menos en los primeros semestres se debe "corretear" tras los profesores, y tras un par de llamadas coordinar directamente con los profesores esos detalles, aunque lo más probable es que deba preguntarle a alguien que ya pasó por ese paralelo y esperar que no hayan existido modificaciones, más adelante será menester del representante acercarse a la entidad hospitalaria correspondiente para coordinar las clases. Superado ese trajín de los primeros días, tendrá que comprar los libros que serán la referencia bibliográfica para sus exámenes, libros que muchas veces vienen en las ediciones más antiguas porque su catedrático así lo exige, cerrándose a la actualización. En otras ocasiones comprará los libros "de la cátedra" o el que fue publicado por su docente. Da lástima admitir que estos libros no parecen haber tenido una revisión, ni siquiera ortográfica mucho menos del contenido. Durante el semestre, sus horarios serán sujetos a cambios sin previo avisos, incluyendo ausencias injustificadas por parte de docentes, lo que conlleva a una tasa de ausentismo estudiantil realmente alta, y no solo por esos cambios de horario sino también porque hay muchos "docentes" sin ninguna preparación pedagógica, (existen los que son observadores: se sientan a observar a sus alumnos exponer sus diapositivas, están los cansados: tan cansados de todo que llegan a clases a dormirse y sacar en cara a sus alumnos que están cansados y que son maestros solo porque quieren, porque ni su sueldo lo justifica, también están los lectores: llegan a leer diapositivas, en el mejor de los casos hechas por ellos mismos). Los docentes reales, los que generan un espacio para la discusión científica, los que exigen razonamiento y son conscientes de la importancia de la formación de los futuros médicos son pocos, y para colmo, a muchos se les compró la renuncia, otros se han jubilado por la edad y otros simplemente cansados de vivir entre la injusticia han preferido dedicar más tiempo a ejercer que a educar. Además, al finalizar el semestre empiezan las sorpresas, por un lado las de los estudiantes que han sido perjudicados en sus notas ya sea porque no coinciden con las que esperaban, y no hay documentos para constatar su nota, o las de los que por un "bien común" deban permitir que el profesor encargado modifique a su parecer las calificaciones sin importar quién salga perjudicado porque la mayoría son beneficiados; pero tampoco olvidemos las sorpresas de aquellos que pasan el semestre por corrupción, que puede ser vista en todas sus presentaciones (copia, robo de exámenes y/o claves, extorsión, intimidación, acoso, suplantación de identidad...). Los métodos de evaluación son cuestionables, pero cada caso merece su análisis individual.

Eso en una visión general, ahora hablemos de casos específicos, matriculan en un semestre un número de alumnos, luego los distribuyen en los hospitales que están a disposición, pero sin tener la capacidad para tantos alumnos, exigiéndoles un externado obligatorio que luego deberán completar consiguiendo (casi por autogestión) otras plazas, no existe aula donde todos puedan recibir clase dignamente, y deberán ir a clases aún cuando no tengan donde sentarse. 


Las leyes pretenden ser cada vez más exigentes con la práctica médica, pero no asegura una educación a la altura. Se reestructura la administración  de salud exigiendo que se acuda primero a un centro de atención primer nivel, pero no se dota a esos centros con todo lo necesario, los médicos existentes no son suficientes para la cantidad de demanda; no sirve de nada un médico para emergencias 24 horas si no tiene a la mano un laboratorio, imagen o farmacia las 24 horas, porque tiene una presunción diagnóstica sin poder ser confirmada o un paciente que no tiene acceso al tratamiento completo inmediato. Y en casos graves, se harán referencias, se perderá tiempo en conseguir transferencia porque no hay capacidad en los hospitales. Y también se regulariza la situación laboral de médicos poniendo como exigencia en el sector público las 40 horas semanales, pero los hospitales donde esa cantidad de médicos trabajan no ha sido modificados para la cantidad de habitantes actual, son los mismos médicos trabajando el doble de tiempo, pero con el mismo número de consultorios, de quirófanos, de camas.


Estos y muchos otros detalles son los que determinan que nuestra educación está en crisis. Se dijo por muchos años que los estudiantes de la Universidad Central eran una voz fuerte y unida, pero hoy en día, aún cuando hablamos de haber erradicado, de nuestra facultad en especial, la politiquería, nos hemos olvidado de cómo reclamar nuestros derechos, somos acallados fácilmente. Unos son silenciosos, sólo prefieren no quejarse y luchar por su cuenta, otros silenciados por el miedo a las represalias. Hace unos días, a los internos de un hospital pediátrico se les retiró sus plazas en el mismo porque exigían su derecho a recibir comida durante sus turnos; esto solo es un ejemplo de que las represalias existen. y que no hay quienes quieran correr riesgos, peor si ya está en semestres avanzados y solo quieren terminar la carrera.

A través de redes sociales o blogs como éstos somos muchos los que intentamos mostrar que NO ESTAMOS CONFORMES CON ESTA SITUACIÓN, y que nos quejamos porque nuestro cambio de actitud personal no es suficiente para cambiar lo que está sucediendo. Hay quienes dicen que estudiamos bajo un sistema "socrático", pero no sé que modificación válida pueda tener ese sistema si no hay moduladores para guiar la discusión científica. En una época de MBE muchos ven como suficiente la autoeducación, pero más allá, está la adquisición de destrezas que si requiere a un observador calificado, a un docente, a un referente. 

El silencio es tan  profundo que se demolió el auditorio para construir un edificio con parqueaderos y un nuevo auditorio, y nadie pensó en quienes utilizaban ese auditorio, dónde serían reubicados; qué harían con los usuarios del parqueadero que sería cerrado como parte del perímetro de seguridad para la construcción de la nueva obra, usuarios que incluso compraron una tarjeta para un año de uso de un parqueadero que nadie advirtió que sería cerrado; cómo solucionarían el paso de los estudiantes por su facultad que sería obstruida por esta obra. ¿Tema viejo? Son casi 3 meses de esto, y nadie excepto nosotros lo sabe. Los que usábamos ese auditorio nos quedamos sin aula, las personas que tienen auto deben estacionarse donde quepan, dejar su auto en la calle o mejor ir sin carro, y un "puente" provisional no ha solucionado en mucho los minutos que genera de retraso el tener que circunvalar la facultad para ir de un edificio a otro. Así de callados estamos...

¡Ánimos!... No seremos todos, pero si seremos muchos los que a pesar de la adversidad conseguiremos la excelencia que buscamos, aún cuando no sea gracias a la facultad... Sigamos dando ejemplo, y mientras podamos, mostremos nuestra inconformidad, no discutiendo con los mediocres optimistas adaptados a este sistema podrido, si no uniéndonos entre nosotros para apoyarnos, y buscando que se tomen medidas al respecto de los problemas más puntuales, y siendo generosos con las generaciones que nos siguen. El trabajo es duro y es diario.

Actualización al 20/5/2016
Escribí esta entrada hace casi 4 años, y no veo que la crisis se esté solucionando. Ya no soy parte de la Universidad (quizás ya no hay el mismo número de alumnos, se ha solucionado lo de la construcción del nuevo edificio)... pero ahora veo problemas peores...
Hace años no se abren los posgrados clìnico-quirúrgicos de la UCE, no existe avance ni en el sector privado ni público para abrir nuevos programas de posgrados, son necesarios los cursos de nivelación para quienes quieran postular en otros países a estos posgrados dejando en evidencia las falencias del pregrado en este medio,  no existen plazas de trabajo para médicos generales, Eso como una visión general, y sin que como gremio hayamos logrado algo al respecto...

jueves, 5 de julio de 2012

Ya no hablemos de corrupción...

Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Decimos "corrupción" y sin duda mencionamos un delito, genera reacciones diversas en quienes la escuchan; el problema comienza cuando vemos y vivimos corrupción, somos testigos y partícipes. Ya no sé si el cansancio que genera hablar de la corrupción es justamente por esa cotidianidad, y por el deseo de ocultar que somos corruptos, que somos parte de la "acción" y/o del "efecto" de corromper.

Podría hablar de corrupción y hacer sonreír a muchos (como si fuera un like, +1 o RT) por complicidad, por sentirse narrados en las ironías, como ya ha sucedido en otras publicaciones sobre este y otros temas, podría mencionar las muchas veces que con mentiras o "astucia" conseguimos excusarnos o justificarnos por lo que no hicimos bien y corrompemos algo establecido, sea por ley o convivencia. Pero ya no quiero hablar de corrupción, quiero hablar de "excepción", de aquello que al fin nos separará de lo común que es esta cotidiana corrupción.



Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Excepciones totalmente posibles en muchos ambientes.



Quiero hablar de la excepción de los que al encontrar una moneda en el suelo se la devuelven a quien tenía el bolsillo roto, por supuesto, si ha sido notorio, porque no podemos negar que existe la suerte de quienes al caminar van haciendo su pequeña fortuna. La excepción de quien ve que algún conocido ha olvidado algo de valor, y lo guarda y cuida como propio para poder entregar de vuelta a su propietario ese bien. 

Esa excepción de quién estudia para obtener una nota a la que pueda llamar suya, tener la valentía de mantener sus ojos en su evaluación e impedirse por 2 segundos la solidaridad de querer compartir con el de su lado, ser de los excepcionales que piensan que un examen debería ser casi tan personal como ir al baño donde nadie tiene que ayudarnos para realizar nuestro acometido. 


Sembrar en nosotros una especie de amor a las filas que nos permita entender que quien llegó primero, tiene igual o más prisa que nosotros, y que el de atrás también quisiera evitarnos, así que simplemente ocupamos el lugar que precisamos en esa fila. 


En la calle y en la vida, disfrutar tanto del verde de nuestro semáforo como del rojo, así como aprovechar cuando vamos en la vía principal porque hemos de parar cuando vayamos por una alterna. 


Entender que siempre hay un mínimo y un máximo, que cuando no logremos el mínimo se necesita sacrificio y valor para seguir intentando llegar al máximo, y que mientras se está en el promedio solo se es un número más, y se debe ser perseverante porque el objetivo siempre es el mismo: el punto más alto. 


Comprender que las cosas tienen precios que nos permiten comercializar, pero tener la objetividad para determinar qué es lo que en nuestra vida realmente merece darle un valor y no pagar por ello. Poder decir que esas cosas las hemos ganado, que no es igual que haberlas comprado.


La excepción de alzar la voz para halagar, felicitar, agradecer; reclamar en el tono justo para que nos escuchen  y que sea el mismo tono en el que queramos que nuestro pedido sea respondido.


Quizás muchos cuando hablan de la corrupción lo dicen como algo normal.... tal vez es la hora de empezar a hablar y actuar de manera excepcional.


Sé que muchos se irritarán al leer esta publicación, y estarán en desacuerdo. Por eso para dejar de hablar de corrupción, se debe hablar con gente excepcional, con las personas diferentes.