jueves, 22 de noviembre de 2018

Era la noche de un martes... ni siquiera entendíamos como se iba el primer mes del año tan rápido. Intentaba estudiar, literalmente era un intento malogrado entre millón distracciones. Suena el teléfono, mamá contesta, es la abuela con dolor de estómago, mamá le da consejos comunes, le culpan a una piña, que si estaba muy ácida o que no se debía comer de noche, que durmiendo va a pasar, que la agüita de orégano puede ayudar...
2 horas después (y quizás no más de 5 hojas del libro después), vuelve a sonar el teléfono, entre sueños vuelve a contestar mamá, sigue el dolor de barriga de la abuela... Hay que ir a verla, en pijama (de verdad, no el scrub), con el fonendoscopio en una mano y las llaves y el saturador en el bolsillo caminamos de un edificio al de atrás a ver a la abuela. Subimos al cuarto piso, nos abrió la puerta su «niñero», con los ojos espantados, hablaba tan lento y preocupado que por primera vez fue imperceptible su acento caribeño.
La abuela pálida como la sábana blanca que la cubría, sudaba mucho, pero al tocarla era un témpano de hielo, mi pequeño aparato intentaba marcar su frecuencia cardíaca, pero no podía detectarla. Decía haber vomitado muchas veces (ya había salido toda la piña), el abdomen parecía iba a explotar no se podía palpar, hubiera podido escribir abdomen muy distendido, rechaza la depresión, timpánico, ruidos muy disminuidos, presentes solo en hemiabdomen superior. Ya con mi fonendoscopio tenía una idea de su frecuencia cardíaca, no llevé tensiómetro, pero tenía unos pulsos saltones a pesar de su frialdad (extrema). 
Me miraban mi mamá y el niñero, no tenía respuestas. Solo me acerque a la mesa de noche donde siempre dejaba ella sus anillos, tenia su libretita donde apuntaba todo lo que podía olvidarse, su lámpara de estilo barroco, tomé la bocina del teléfono marcaba 9-1-1 mientras veía un libro de Milán Kundera ahí mismo en esa mesa, tapa abajo. Solo sabía el autor, el resumen y la editorial.

- "ECU 911 cuál es su emergencia?" -Necesitamos una ambulancia por favor, paciente octogenaria inestable. -Le comunico con asistencia médica... Expliqué el cuadro mientras me daba cuenta porqué un médico no debe atender un familiar, la ansiedad que te invade...
La abuela pide ayuda, la llevo al baño, vomita de nuevo, es líquido bilioso y aparte de generarme náusea me preocupa mucho más por la mala señal. No sabía cómo entretenerla mientras rogaba que le quite el dolor. La llevaba de vuelta a la cama, aun no teníamos llamada de la ambulancia, pregunté por el libro sobre la mesa... "La broma", apenas lo había empezado y no tenía aún idea de que iba, dijo que le causaba intriga... le dije que cuando lo acabe me lo preste, asintió, insistió en el dolor, luego quiso ella sola cambiar de tema, se quejó del tamaño de letra del ejemplar que le dificultaba la lectura, que tenía proscrita por problemas maculares... insistió en el dolor. Sonó el teléfono la ambulancia estaba perdida, salimos para poder hacerle señales de donde la necesitábamos. Bajó una paramédica, el conductor. Nos acompañaron al cuarto piso mientras hablaba a toda prisa tratando de explicar como encontraba a mi abuela. 
La hidrataron (a través de una vía intravenosa que se consiguió tras como 3 pinchazos), pusieron un antiemético (algo contra el vómito),  aún le dolía. La paramédica insistía en la central que paciente requería transporte, negaban traslado de paciente, y dijeron "Si familiares desean y paciente cuenta con seguro particular que la lleven por sus propios medios". La compensamos, la subimos al carro aún hidratándola. Mamá la llevó a la clínica, me dijo que me quede estudiando.


A las 4 de la mañana desperté, aún no llegaba mamá, llamé, la habían transferido de la clínica a un hospital de mayor complejidad... otra vez por sus propios medios porque nadie confirmaba recepción y necesitaba cuidados intensivos. La residente la recibió enojada, porque mi mamá llegaba en su auto con una paciente inestable y ella no tenía espacio.  Aún así, la atendieron llamaron al cirujano.
A mí solo me dijo que esté tranquila, que le lleve en la mañana una muda de ropa (seguía en pijama). Pasé temprano por el hospital (pensando que después iría al hospital donde yo tenía que ir a trabajar), la vi, seguía con dolor, seguía pálida y fría. Mamá me dijo que hable con el cirujano para que me explique, básicamente para que tras mostrarme los resultados de exámenes me confiese que no sabía qué tenía. No sabían qué hacer. Sin espacio en cuidados intensivos, acomodada en un espacio de críticos en emergencia, y yo comunicándome con mis tíos a larga distancia. Mamá creía que exageraba. Alertando a toda la marina del archipiélago para que encuentren a mi tío embarcado y le digan que venga al continente. Llamando a mi hermana en puerperio que venga a despedirse, mamá todavía creía que exageraba. 
Ya había llamado a mi hospital, no llegaría ese día, estaba al pie de la cama de una paciente que era más que un paciente para mí... y ella solo me pedía que le quite el dolor, que no cedía a pesar de toda la analgesia.
Por alguna especie de milagro de repente una cama en UCI estaba disponible para nosotras... todo empezó de repente a pasar más rápido, tanto que no recuerdo detalles, solo recuerdo que ingresó a quirófano a medio día, nos reunimos mamá, amigos cercanos de la familia y yo en el comedor para almorzar... pero a la mitad en el altavoz solicitaban nuestra presencia en quirófano... salió el doctor me sonrió, pidió que entrara, me dijo que me explicaría a mi primero para que yo explique a los demás, me mostró una foto del campo quirúrgico, me dijo que no había nada que hacer... como si mi reacción fuera de incredulidad me dijo que si deseaba podía cambiarme y pasar a verlo personalmente. No podía. Llamamos a mamá, ella tampoco atinaba a saber como reaccionar, nos abrazamos. Realmente se nos iba la abuela, su mejor amiga, y estábamos la dos ahí tratando de dar esa noticia.



Es una historia difícil de contar, quizás hoy pude plasmarla porque hace unas semanas al fin tomé el valor de leer La broma de Kundera,  hoy lo terminé y quisiera contarle a mi abuela de que va, de como a veces la vida es una insulsa y ridícula broma...

Para ti en el cielo, a mi lado o donde quiera que estés. ❤

lunes, 2 de mayo de 2016

Quizá necesitábamos sacudirnos un poco


El 16 de abril amaneció como un día normal, para mí el panorama sería como el de cualquier sábado. Quizá mi historia sobre como viví el momento del sismo no sea nada digno de contar, es decir, los quiteños lo sentimos como un temblor largo, quizá algo fuerte, pero no teníamos idea que en otro punto de nuestro país ese sismo tenía consecuencias tan graves y que era un terremoto; los medios nacionales no decían nada, a pocos se nos ocurrió buscar en canales  internacionales, en Twitter empezaban a salir aproximaciones del epicentro y magnitud del sismo, fotos de ciertos desastres en Guayaquil, pero claro en las zonas mayormente afectadas no había quien se ponga a publicarnos lo que estaba sucediendo.
En mi caso empezaron llamadas de familiares fuera del país con precauciones sobre qué debía hacer en caso de réplicas y cómo estar preparada, yo seguía sin entender la magnitud de lo que nos estaba sucediendo.

Al otro día, ya algo informadas empezamos en casa a reunir cositas que se podían donar, en Facebook encontré fácilmente la información de en dónde podíamos acudir a dejarlas, para nuestra sorpresa había una gran congestión en la entrada a la Cruz del Papa, así que fuimos a otro punto. Pero en todos los puntos había filas y había gente con donaciones. Creo que fueron pocos los quiteños que ese día no salieron a apoyar con su granito de arena, y buscar todas las maneras en que se pudiera ayudar.
Resumiré mi historia, fueron días en que vimos como el país quedó como con resaca después de ese movimiento tan fuerte de la tierra, muchos no dudamos en organizarnos y salir a la zona de desastre y poner nuestras manos y capacidades a la orden de quienes lo necesitaban.
Tomada de la web. (realmente no sé si el autor es desconocido)
Tomada de la Web. No sé si realmente el autor es desconocido
Quedó constancia de la gran solidaridad, un dolor que vivimos juntos como ecuatorianos pero qué supimos que no bastaba con sentarnos a lamentarnos, y nos empezamos a concientizar que la ayuda no bastaba en el momento que vamos a reconstruir el país juntos, que nuestros compatriotas afectados no iban a estar solos, y que seguimos con campañas recaudatorias, eventos, donaciones, y pues toda la ayuda desde los distintos sectores (que espero se mantenga el tiempo necesario).
Fue una lección muy grande para todos, muchas fundaciones con fines de beneficencia a distintos grupos de la sociedad se unieron, la causa era común, llegar a todos quienes necesitaran una mano.
Dicen que los amigos se ven en las malas, y descubrimos que tenemos muchos más amigos de los que pensábamos, que muchos países no dudaron en darnos su apoyo, como diríamos nosotros “en plata y persona”, cuántos rescatistas, cuántas donaciones. Salí del país y me encontré en las ciudades carteles sobre lugares de acopio de donaciones para Ecuador, me encontré con muchas personas que me decían cuánto lamentaban lo que nos estaba pasando.
Y la verdad después de vivir esto empiezo a creer que quizá necesitábamos sacudirnos un poco, que se nos quitará de encima la indiferencia, el pesimismo… pudimos sacar de un día a otro lo más solidario, generoso, proactivo, positivo y amable de nosotros.
Sin duda, también quedó constancia de ciertas situaciones poco agradables de contar, o de un manejo inapropiado de algunos recursos, pero eso no creo que sea lo más importante de sacar en cara en estos momentos.
Y después de esa sacudida no podemos seguir igual, como dijo Andrea Torres volver a la cotidianidad no implica volver a la indiferencia… El ambiente de optimismo, generosidad y amabilidad debe mantenerse para que podamos salir adelante no solo con la reconstrucción física de las zonas destruidas si no con la reconstrucción de nuestra sociedad y de nuestra identidad como ecuatorianos, una mejora de nuestro entorno y un impulso para superar la crisis económica.


(Pronto espero poder hacer una recopilación de historias de ese momento)

miércoles, 3 de junio de 2015

Los procesos tumorales de una sociedad...



Mientras estudiaba un día la genética del cáncer, y tenía encendido un canal de noticias internacional no pude evitar notar como parecía que hablaban del mismo  proceso en mi libro y la TV... resulta que ciertos gobiernos les resultan a sus sociedades "fisiopatológicamente" similares que el proceso celular tumoral de los humanos.

El inicio común es una célula común y corriente, que se forma (por mitosis de una célula madre), crece, cumple sus funciones y se sigue dividiendo o muere. Pero un día una célula a través de una señal genética anormal se vuelve propensa a una  proliferación activa continua, un intento de inmortalidad, de perennidad; se anula el axioma de que toda célula nace y muere, entonces en nuestro simil: todo gobierno tiene que tener un comienzo y un fin, algo anda mal si  no se acepta esto. 
Entonces esa célula tumoral empieza a aprender como evadir los controles de crecimiento, que la obligarían a morir, tiene el control sobre la situación, neutraliza a las defensas del cuerpo para que no la puedan eliminar (a ella y todas sus descendientes que ya van con ese cambio genético, con un cambio de "ideología"), se  sobreentiende la comparación si se dice que "se pone a la defensa de su parte". La naturaleza tiene sus leyes, las sociedades las creamos, lo que es una ventaja para quienes gobiernan.
Cómo es lógico estas células necesitan alimentarse, así que tienen el poder de la angiogénesis, es decir envían señales para crear vasos sanguíneas que les proporcionen el alimento, por lo tanto, este paso se resume en crear vías para asegurar su abastecimiento.
Hasta aquí es un proceso común para tumores benignos y malignos. Los benignos se quedarán confinados al lugar donde comenzaron. Pero una característica importante de las células tumorales es su capacidad de metastatizar es decir de invadir otras sistemas, otros órganos. Afectar desde otros flancos. 
Esa célula en la que comenzó todo,sólo quería sobrevivir ella y lo suyos, con la promesa de la vida eterna, aún sin saber si sobreviviría todo el organismo que la alberga.

Pd. tenía muchas ideas sobre esta entrada, mucha tela que cortar, pero sé que al buen entendedor son pocas las palabras.

viernes, 24 de abril de 2015

Los libros en el librero


Jamás he pensado en los libros como un negocio, los valoro tanto que sé que tengo un tesoro en una estantería llena, no por el costo que tuvo cada ejemplar si no porque un libro en sí ya constituye un pequeño tesoro de letras, conocimiento, sobretodo de magia. Pero ningún libro espera estar ahí para morir empolvado.
Tampoco he escrito en búsqueda de fama, de renombre… he escrito por esa musa que te empuja, ese deseo que no te deja dormir sin plasmar algo que ha nacido en tu cabeza. La misma musa que un día te desafía a compartir lo que escribes, afrontar la crítica de quienes se arriesgan a ser tus lectores… y entonces descubres que se necesita más dinero del que pensabas para editar un libro, y que necesitabas gritar tu nombre para que lleguen tus escritos a más personas.
Lastimosamente no todos los que trabajan en el medio piensan así, como que los recursos económicos son necesario como parte del medio pero no el fin, hay muchos por ahí pensando en el dinero como único fin.
Cabe destacar que en nuestras sociedades es el escritor el que paga a una editorial para poder publicar un libro y no al revés como nos muestran en la televisión, excepto casos de escritores ya muy reconocidos, a los que les pagan por escribir. Y bueno es una garantía para poder seguir existiendo como editoriales, lo triste es que no publican un libro con el afán de promover el sueño de ese amante de las letras que decide sacar a la luz sus escritos, al contrario se aprovechan de ese sueño porque saben que harán lo que sea necesario por invertir en una publicación; entonces lo editan, lo publican, lo entregan… pero si el libro queda en las estanterías de la librería, o bajo un sillón para ellos da igual, al fin y al cabo ya tienen el dinero con ellos, y en el mejor de los casos también firman un contrato para poder quedarse con una buena tajada si es que ese libro se vende, aunque tampoco se interesan por promocionarlo. Te invitan a pagar por tirajes grandes para “abaratar costos”. Pero publicar un libro y que los ejemplares no estén en manos de lectores es triste… es el final más triste de un sueño.
Un libro no necesita un lugar en un librero, ni el escritor aplausos, un libro necesita lectores y su autor críticas.

sábado, 2 de agosto de 2014

El Infierno Ecuatoriano

Lejos de creer que el Ecuador puede ser un infierno quiero mostrarles la imagen que tiene una persona extranjera que tuve la oportunidad de conocer, alguien que ha dado mucho por este país, por mucha de su gente, desde el anonimato. Alguien a quien una serie de procesos burocráticos inconclusos le matan las ganas de ayudar y de servir a los demás, que se ha dado en plata y persona hasta descubrir que nuestra falta de desarrollo no es por economía si no por idiosincrasia.


En un pasillo escuchaba a este particular personaje  que se reía mientras comentaba que lo más le alegraba de tener cédula de ciudadanía ecuatoriana era el poder exigir acceso al "Infierno ecuatoriano"… Al quedar poco clara su broma dio la siguiente explicación de cómo sería entrar a ese paradigmático lugar (trataré de ser lo más fiel posible a su descripción):

Este señor describía, como si estuviera seguro de lo que decía, que al morir se debe hacer una fila para que te sentencien al cielo o al infierno. Que seguramente él iría al infierno, pero entonces le pedirían su cédula, ¡ahí presentaría la ecuatoriana!
Antes de dejarlo entrar le pedirían que espere para enviar un comunicado vía "quipux" para la autorización de su entrada, entonces tendría que esperar un par de semanas hasta que respondan, luego pasarán otros días más hasta que esa respuesta la conozca el guardia para que lo deje pasar. Al entrar descubriría que nuestro infierno no está tan caliente porque se acabó el combustible, pasaría un buen tiempo hasta solicitar y conseguir el presupuesto, otros días para que una trabajadora social gestione la compra y aún quedará en duda si el proveedor tiene el producto específico solicitado, talvez en ese lapso de espera solo tenga un par de fósforos para seguir encendiendo sus cigarrillos.

Dejo a su consideración las conclusiones.

Nota: no soy una seguidora de que todo lo importado o extranjero es mejor, pero sí estoy segura que todo lo que hacemos desde todos los ámbitos puede ser mejorado, como en muchos lugares ya lo han hecho, que no nos caería mal dejarnos ayudar de quienes ya pasaron por esos procesos de desarrollo y comprometernos con esas mejoras, o con unas propias que se adapten más adecuadamente a nosotros.

miércoles, 12 de marzo de 2014

La "Internofobia"

La "internofobia", como la he definido, es una patología mental sufrida comúnmente por personal de enfermería, que consiste en una fobia, es decir, miedo injustificado a los internos rotativos y todos los actos realizados por ellos. Clínicamente, se presenta con un distanciamiento afectivo, también con una necesidad de culpar a dichos funcionarios de todo imprevisto, accidente o error ocurrido en el servicio. Según los individuos que sufren de este síndrome todo lo malo que tiene un hospital son sus internos rotativos; aunque no los quieren, siempre tienen expectativas de ellos que nunca son alcanzadas lo que genera mayor rechazo. 

Es importante recalcar que también puede presentarse en médicos sin importar el rango, desde residentes hasta líderes de servicio, pero en este caso cabe destacar que lo más grave es que se acompaña de amnesia y tendencias megalomaniacas, olvidan su año de internado con sus dificultades, añadiendo nuevos obstáculos y molestias a la generación presente y suelen describirse como personas excelentísimas, de gran rendimiento académico, sin falla alguna; inclusive exigen omnipresencia y omnisapiencia porque así se recuerdan ellos mismos.

Como todo trastorno mental complejo pueden acompañarse de ilusiones y alucinaciones de cualquier origen (visuales, auditivas) que llevan a conflictos por declaraciones de hechos y aseveraciones que no han sucedido, siendo en este caso perjudicado el señor o señorita interna rotativa dado que es la base de la pirámide jerárquica.

Hay que evitar exacerbar los pensamientos paranoicos de estas personas que sufren la enfermedad, por lo tanto el interno no debe ser sumiso, debe mostrar su compromiso y no dejarse afectar por los comentarios destructivos que pueda recibir de estas personas. 

Lastimosamente no se ha encontrado el tratamiento adecuado, quizás se podría empezar a estudiar el empleo de estabilizadores del ánimo con o sin antipsicóticos; mientras tanto solo queda estar cerca de personas cuerdas que ayuden y no interfieran de mala manera, por suerte esas personas aún son mayoría. 

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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Soliloquio vocacional

Esto es para quienes les gusta leer de vez en cuando las verborragias de mentes inquietas. 

Es curioso sentarme un día y dejar inundar mi mente de vagos pensamientos y observarlos confluir siempre o casi siempre en el mismo punto, ese punto que es parte de la cotidianidad que me hace descubrir que al elegir la carrera, elegí un estilo de vida.  Es como decidir entrar en una logia de la que desconocías mucho, al menos yo sí que desconocía. 

Sé que lo hablo muy generalizado cuando sólo he estudiado formalmente mi carrera, medicina; y no sé si a todos les pasa pero me temo que muchas veces se toman decisiones viendo las fachadas, entonces creo que debí primero haberme infiltrado a investigar a que especie de religión extraña me iba a agregar. Veía la parte linda, la parte más noble, sabía del sacrificio que las personas mencionaban, pero es más que eso. 

En el camino pude ver que la vocación es como el fuego, que a veces arde más y otras no alcanza a calentarnos ni las manos, que tiene que nutrirse y cuidarse de las fuertes ventiscas que quieren apagarla, que siempre habrá gente de vocación desgastada buscando desgastar la ajena, que a veces es uno el desmotivador por estar desmotivado. Y aunque hay días fríos ante ese fuego que a veces pide más de lo que da, hay pequeños momentos de calor que ayudan a estar en pie, que hay personas agradecidas (aunque cada vez sean menos) y son quienes nos empujan a valorar cada impulso. Pero es tan acaparador a veces ese estilo de vida que no te deja sentir su calor si no te involucras del todo, entonces cada momento que no está relacionado con ese culto es como parte de otra vida, como sentarme en mi ordenador a escribir y sentir que por dos segundos le he sido infiel con las letras, a las que hace mucho ya he declarado mi amante. 

Y aunque son muchas las veces que intento huir en busca de otras fogatas, que me permitan estar más cerca de quienes quiero y son recíprocos, recuerdo que no estoy obligada ni encadenada a estar donde estoy, que llegué sola y fue mi elección, aunque me haya vuelto en general monotemática y algo aburrida, y quienes me leen y escuchan sepan que en mi anecdotario casi todo es médico, porque elegí ser parte de ese culto, pero siempre existe la posibilidad de escapar a los jardines del placer que me brinda los campos literarios.