viernes, 24 de abril de 2015

Los libros en el librero


Jamás he pensado en los libros como un negocio, los valoro tanto que sé que tengo un tesoro en una estantería llena, no por el costo que tuvo cada ejemplar si no porque un libro en sí ya constituye un pequeño tesoro de letras, conocimiento, sobretodo de magia. Pero ningún libro espera estar ahí para morir empolvado.
Tampoco he escrito en búsqueda de fama, de renombre… he escrito por esa musa que te empuja, ese deseo que no te deja dormir sin plasmar algo que ha nacido en tu cabeza. La misma musa que un día te desafía a compartir lo que escribes, afrontar la crítica de quienes se arriesgan a ser tus lectores… y entonces descubres que se necesita más dinero del que pensabas para editar un libro, y que necesitabas gritar tu nombre para que lleguen tus escritos a más personas.
Lastimosamente no todos los que trabajan en el medio piensan así, como que los recursos económicos son necesario como parte del medio pero no el fin, hay muchos por ahí pensando en el dinero como único fin.
Cabe destacar que en nuestras sociedades es el escritor el que paga a una editorial para poder publicar un libro y no al revés como nos muestran en la televisión, excepto casos de escritores ya muy reconocidos, a los que les pagan por escribir. Y bueno es una garantía para poder seguir existiendo como editoriales, lo triste es que no publican un libro con el afán de promover el sueño de ese amante de las letras que decide sacar a la luz sus escritos, al contrario se aprovechan de ese sueño porque saben que harán lo que sea necesario por invertir en una publicación; entonces lo editan, lo publican, lo entregan… pero si el libro queda en las estanterías de la librería, o bajo un sillón para ellos da igual, al fin y al cabo ya tienen el dinero con ellos, y en el mejor de los casos también firman un contrato para poder quedarse con una buena tajada si es que ese libro se vende, aunque tampoco se interesan por promocionarlo. Te invitan a pagar por tirajes grandes para “abaratar costos”. Pero publicar un libro y que los ejemplares no estén en manos de lectores es triste… es el final más triste de un sueño.
Un libro no necesita un lugar en un librero, ni el escritor aplausos, un libro necesita lectores y su autor críticas.

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