sábado, 2 de agosto de 2014

El Infierno Ecuatoriano

Lejos de creer que el Ecuador puede ser un infierno quiero mostrarles la imagen que tiene una persona extranjera que tuve la oportunidad de conocer, alguien que ha dado mucho por este país, por mucha de su gente, desde el anonimato. Alguien a quien una serie de procesos burocráticos inconclusos le matan las ganas de ayudar y de servir a los demás, que se ha dado en plata y persona hasta descubrir que nuestra falta de desarrollo no es por economía si no por idiosincrasia.


En un pasillo escuchaba a este particular personaje  que se reía mientras comentaba que lo más le alegraba de tener cédula de ciudadanía ecuatoriana era el poder exigir acceso al "Infierno ecuatoriano"… Al quedar poco clara su broma dio la siguiente explicación de cómo sería entrar a ese paradigmático lugar (trataré de ser lo más fiel posible a su descripción):

Este señor describía, como si estuviera seguro de lo que decía, que al morir se debe hacer una fila para que te sentencien al cielo o al infierno. Que seguramente él iría al infierno, pero entonces le pedirían su cédula, ¡ahí presentaría la ecuatoriana!
Antes de dejarlo entrar le pedirían que espere para enviar un comunicado vía "quipux" para la autorización de su entrada, entonces tendría que esperar un par de semanas hasta que respondan, luego pasarán otros días más hasta que esa respuesta la conozca el guardia para que lo deje pasar. Al entrar descubriría que nuestro infierno no está tan caliente porque se acabó el combustible, pasaría un buen tiempo hasta solicitar y conseguir el presupuesto, otros días para que una trabajadora social gestione la compra y aún quedará en duda si el proveedor tiene el producto específico solicitado, talvez en ese lapso de espera solo tenga un par de fósforos para seguir encendiendo sus cigarrillos.

Dejo a su consideración las conclusiones.

Nota: no soy una seguidora de que todo lo importado o extranjero es mejor, pero sí estoy segura que todo lo que hacemos desde todos los ámbitos puede ser mejorado, como en muchos lugares ya lo han hecho, que no nos caería mal dejarnos ayudar de quienes ya pasaron por esos procesos de desarrollo y comprometernos con esas mejoras, o con unas propias que se adapten más adecuadamente a nosotros.

miércoles, 12 de marzo de 2014

La "Internofobia"

La "internofobia", como la he definido, es una patología mental sufrida comúnmente por personal de enfermería, que consiste en una fobia, es decir, miedo injustificado a los internos rotativos y todos los actos realizados por ellos. Clínicamente, se presenta con un distanciamiento afectivo, también con una necesidad de culpar a dichos funcionarios de todo imprevisto, accidente o error ocurrido en el servicio. Según los individuos que sufren de este síndrome todo lo malo que tiene un hospital son sus internos rotativos; aunque no los quieren, siempre tienen expectativas de ellos que nunca son alcanzadas lo que genera mayor rechazo. 

Es importante recalcar que también puede presentarse en médicos sin importar el rango, desde residentes hasta líderes de servicio, pero en este caso cabe destacar que lo más grave es que se acompaña de amnesia y tendencias megalomaniacas, olvidan su año de internado con sus dificultades, añadiendo nuevos obstáculos y molestias a la generación presente y suelen describirse como personas excelentísimas, de gran rendimiento académico, sin falla alguna; inclusive exigen omnipresencia y omnisapiencia porque así se recuerdan ellos mismos.

Como todo trastorno mental complejo pueden acompañarse de ilusiones y alucinaciones de cualquier origen (visuales, auditivas) que llevan a conflictos por declaraciones de hechos y aseveraciones que no han sucedido, siendo en este caso perjudicado el señor o señorita interna rotativa dado que es la base de la pirámide jerárquica.

Hay que evitar exacerbar los pensamientos paranoicos de estas personas que sufren la enfermedad, por lo tanto el interno no debe ser sumiso, debe mostrar su compromiso y no dejarse afectar por los comentarios destructivos que pueda recibir de estas personas. 

Lastimosamente no se ha encontrado el tratamiento adecuado, quizás se podría empezar a estudiar el empleo de estabilizadores del ánimo con o sin antipsicóticos; mientras tanto solo queda estar cerca de personas cuerdas que ayuden y no interfieran de mala manera, por suerte esas personas aún son mayoría. 

También te puede interesar: