miércoles, 13 de noviembre de 2013

Soliloquio vocacional

Esto es para quienes les gusta leer de vez en cuando las verborragias de mentes inquietas. 

Es curioso sentarme un día y dejar inundar mi mente de vagos pensamientos y observarlos confluir siempre o casi siempre en el mismo punto, ese punto que es parte de la cotidianidad que me hace descubrir que al elegir la carrera, elegí un estilo de vida.  Es como decidir entrar en una logia de la que desconocías mucho, al menos yo sí que desconocía. 

Sé que lo hablo muy generalizado cuando sólo he estudiado formalmente mi carrera, medicina; y no sé si a todos les pasa pero me temo que muchas veces se toman decisiones viendo las fachadas, entonces creo que debí primero haberme infiltrado a investigar a que especie de religión extraña me iba a agregar. Veía la parte linda, la parte más noble, sabía del sacrificio que las personas mencionaban, pero es más que eso. 

En el camino pude ver que la vocación es como el fuego, que a veces arde más y otras no alcanza a calentarnos ni las manos, que tiene que nutrirse y cuidarse de las fuertes ventiscas que quieren apagarla, que siempre habrá gente de vocación desgastada buscando desgastar la ajena, que a veces es uno el desmotivador por estar desmotivado. Y aunque hay días fríos ante ese fuego que a veces pide más de lo que da, hay pequeños momentos de calor que ayudan a estar en pie, que hay personas agradecidas (aunque cada vez sean menos) y son quienes nos empujan a valorar cada impulso. Pero es tan acaparador a veces ese estilo de vida que no te deja sentir su calor si no te involucras del todo, entonces cada momento que no está relacionado con ese culto es como parte de otra vida, como sentarme en mi ordenador a escribir y sentir que por dos segundos le he sido infiel con las letras, a las que hace mucho ya he declarado mi amante. 

Y aunque son muchas las veces que intento huir en busca de otras fogatas, que me permitan estar más cerca de quienes quiero y son recíprocos, recuerdo que no estoy obligada ni encadenada a estar donde estoy, que llegué sola y fue mi elección, aunque me haya vuelto en general monotemática y algo aburrida, y quienes me leen y escuchan sepan que en mi anecdotario casi todo es médico, porque elegí ser parte de ese culto, pero siempre existe la posibilidad de escapar a los jardines del placer que me brinda los campos literarios. 


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