viernes, 24 de agosto de 2012

La Medicina es mi amor, y el arte mi pasión.


Esta vez, he decidido hacer pública una carta que escribí en un momento en el que no creía que el camino demarcado fuera el indicado para mí... es ese pequeño instante en que piensas que claudicarás y entonces buscas ese motivo que no te permita hacerlo. Un pequeño regalo para todos mis seguidores, mis lectores, esperando que llegue a ustedes mi mensaje más profundo. 










"Qué lindo que es soñar!, soñar no cuesta nada, soñar y nada más, con los ojos abiertos, qué lindo que es soñar y no te cuesta nada más que tiempo.” Kevin Johansen.


Quito,  Julio 2011.

Cuántas veces no nos hemos detenido a pensar en quiénes somos, nuestros propósitos, y qué tan predestinado puede estar nuestro camino… Las respuestas algunas ocasiones son vagas, pero suficientes para dar el siguiente paso y buscando nuevos horizontes, no siempre en busca del factor sorpresa de lo desconocido, sino al contrario, en la búsqueda de encontrarnos a nosotros mismos en nuestra esencia y nuestro objetivo.
Muchas veces no necesitamos parar nuestro camino para entrar en tan honda reflexión, solo necesitamos de detalles que martillen en nuestra cabeza. En esta ocasión no busco más que exponer esos detalles que sin dejar en paz mi mente me llevaron a necesitar dar un paso algo inesperado en el camino.

-¿Es difícil seguir Medicina? -¡Debe ser súper sacrificado! -¿Les toca duro, o no?... Son las frases que un estudiante de Medicina escucha cada que tiene un diálogo con alguien nuevo, con el papá del amigo o en el pasillo de un centro de salud. Respuestas a eso, ¡hay muchas!, pero ¿cuál es la mía? –No es difícil, requiere de esfuerzo. –No es sacrificado si en realidad es lo que te gusta. –Nada es más valioso que lo que ganas con esfuerzo y haces con muchas ganas…
Pero lo que hace valiosa a cualquier respuesta no es el contenido retórico, es la satisfacción con la que pueda ser dicha. Una satisfacción que tiene fuentes internas y externas, es decir, se alimenta desde la esencia de ese futuro médico con su vocación y, es fortificada por los estímulos externos que recibe del sistema en el que empieza a desenvolverse y donde comienza a descubrir sus verdaderas aptitudes, e inclusive inclinaciones dentro de la misma ciencia, que siempre es tan amplia; sin olvidar, el apoyo e incentivo de quienes pueden ser un referente o tener una opinión necesaria, tanto para ese yo social como para la "autovaloración".

¡Aquí es dónde empiezan mis clavos mentales! Y no sé si enumerarlos, no es bien visto dejar huecos en la pared, así que mejor los pintaré en un solo cuadro, de ésta, mi perspectiva.

No desconfío de que este, mi país, Ecuador, aquel que siempre supo cobijarme con un cielo amplio donde cabían mis sueños, y darme un suelo firme donde tener buenos cimientos,  pueda darme un día todas las herramientas y facilidades para desarrollarme por completo. Y es que no se trata de desconfianza, se trata de estar viviendo en un momento, que al parecer no es el correcto, parece que no estoy en el sitio correcto para esta coordenada de tiempo, porque esos estímulos externos tan necesarios están haciendo pendular el ánimo con el que todos los días llego a realizar mis labores. Es difícil querer trazar un camino mejor en una sociedad acostumbrada. Parece que tanto les han repetido a muchos que jamás podrán hacer algo diferente y mejor, ¡que se lo creyeron!,  no buscan más que lo común, lo conocido. Y que sus metas no sean altas no es el único problema, lo que es aún  peor es esa envidia (propia de la naturaleza humana y resaltada por idiosincrasia), que no les deja ver a alguien alcanzar la cima, y se esfuerzan más en encontrar la estrategia para poner obstáculos en el camino de quienes van a mejor ritmo que en encontrar la manera de superarse y alcanzar a los que tanto admiran en secreto.

Que esto existe en todo lugar, en todo el mundo, y se trata de acostumbrarse a vivir: Ya lo sé. ¿Acostumbrarse? Otra vez la sociedad imponiendo parámetros poco optimistas y discapacidades mentales. Pero lastimosamente es en esta misma sociedad en la que he de servir.

Entonces llegando al centro de toda esta verborragia, no me siento justa conmigo misma seguir caminando cuando mis pasos están cansados. Ya lo he evaluado, no es mi vocación la que ha cambiado, mi leitmotiv brilla incandescentemente; pero me siento asfixiada en un ambiente en el que no hay oxígeno para realizar respiraciones profundas para dar pasos largos. Y no quiero detener por detener mi camino, y reposar; al contrario, quiero ahora más que nunca luchar por mis sueños, y aunque me desvíe transitoriamente de ese camino recto esperado por todos, quiero dedicarme un periodo a la Medicina no desde un aula, sino desde el mismo campo de trabajo, donde pueda interactuar con la gente, alimentar mi ilusión para volver a esas aulas y tener más energías; para poder vivir amando lo que hago, sin frustraciones y con la misma emoción que cuando niña, usando un fonendoscopio de plástico diagnostiqué mis propias enfermedades a mis muñecos.

No es más que eso, busco la oportunidad de acercarme más a mi ilusión original y alejarme temporalmente de mis clavos limitantes.

La Medicina es mi amor, y el arte mi pasión. Tanto el amor como la pasión requieren de una inspiración. Mi inspiración: el ser humano. Mi objetivo: ser útil a ese ser humano que me inspira.

   
Catalina Espina

1 comentario:

  1. Que hermosa carta.. y mas que nada.. vivir y crecer haciendo lo que a uno mas le apasiona es el éxito mismo.

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